Me gustan los melocotones.
Hoy he probado el primer melocotón del año. Y es como el café: huele mejor que sabe.
Aunque no siempre fue así…Cuando pienso en melocotones pienso en Ribadeo y me pongo melancólica. Me acuerdo de esos días de verano en los que mi abuelo recogía fruta para venderla en el mercado. Y de todos los pasos: preparar la cesta, cubrir su fondo con papel de saco, y forrar todo con hojas de higuera. Y tener mucho cuidadito, no se “mazara” la fruta, que se ponía negra… Y como siempre, los más ricos, amarillos, dulces y firmes (siempre he odiado la fruta blandengue…) nos los ofrecía con una sonrisa y un guiño: non llo digades á abuela…
Y me acuerdo de vacaciones alegres donde la mayor preocupación era si el día siguiente sería bueno para escaparnos un rato a la playa…
El melocotón es como morder la piel de quien uno ama, el gusto de recibir lo más terso y jugoso de la vida con un sabor dulcito que empalaga, dejando ganas de volver a “empegostarse”, de volver a caer en la tentación de lo divino!. Piel suave y tersa que desgarras con el privilegio de ser el primero.
Me gustan los melocotones.
Porque me recuerdan la osadía de romper con la pureza y descubrir su dulzura.
Hoy he probado el primer melocotón del año. Y es como el café: huele mejor que sabe.
Aunque no siempre fue así…Cuando pienso en melocotones pienso en Ribadeo y me pongo melancólica. Me acuerdo de esos días de verano en los que mi abuelo recogía fruta para venderla en el mercado. Y de todos los pasos: preparar la cesta, cubrir su fondo con papel de saco, y forrar todo con hojas de higuera. Y tener mucho cuidadito, no se “mazara” la fruta, que se ponía negra… Y como siempre, los más ricos, amarillos, dulces y firmes (siempre he odiado la fruta blandengue…) nos los ofrecía con una sonrisa y un guiño: non llo digades á abuela…
Y me acuerdo de vacaciones alegres donde la mayor preocupación era si el día siguiente sería bueno para escaparnos un rato a la playa…
El melocotón es como morder la piel de quien uno ama, el gusto de recibir lo más terso y jugoso de la vida con un sabor dulcito que empalaga, dejando ganas de volver a “empegostarse”, de volver a caer en la tentación de lo divino!. Piel suave y tersa que desgarras con el privilegio de ser el primero.
Me gustan los melocotones.
Porque me recuerdan la osadía de romper con la pureza y descubrir su dulzura.




No hay comentarios.:
Publicar un comentario