martes, 25 de septiembre de 2007

CARA Y CRUZ

Antonio Mavuba nació en el mar, el 8 de marzo de 1984, cuando sus padres huían en una patera, como refugiados políticos, de la guerra civil de Angola, país originario de su madre. "No sé en qué mar", dice Antonio, que nunca vio jugar -ni siquiera en vídeo- a su padre, fallecido en 1996, que jugó el Mundial de Alemania 74 con la selección de Zaire, ahora el Congo. Aquella selección, vapuleada por Brasil, Escocia y Yugoslavia, fue una pionera para los combinados africanos. Fallecidos sus padres, el pequeño Antonio fue criado junto a sus 10 hermanos por su madrastra, que se ganaba la vida limpiando casas. Acogido desde los ocho años en la escuela del Girondins de Burdeos Mavuba se convirtió en un poderoso mediocentro que alcanzó seis veces la selección francesa y, con ella, la nacionalidad.

Marian dejó de estudiar a los 14 años para trabajar junto a su padre. Como la mayoría de los habitantes de Prepeleac, transportaban y vendían fruta con un carromato de caballos. Fue en uno de esos viajes por los pueblos para vender frutas cuando Marian conoció a Ionela, su esposa. Los dos tenían apenas 20 años cuando decidieron casarse. Después nacieron Izabela y Dragos .

Desde que nació su hijo, Marian no podía quitarse de la cabeza la idea de salir de Rumania. Los 34 lei (diez euros) que ganaba con el carromato apenas le alcanzaban para mantener a la familia. En Rumania el salario medio es de unos 300 euros al mes, según datos del propio Gobierno. Sin embargo, un litro de leche cuesta entre 50 céntimos y un euro.
Marian tomó la decisión de marcharse a España. Todo fueron alegrías en casa de los Mirita. Vendieron el carro y las pocas pertenencias que tenían y compraron cuatro billetes de autobús. Destino: Castellón. Pero el paraíso que soñaban se convirtió en un infierno y decidieron volver. No tenían dinero para el viaje así que comenzaron a peregrinar por las instituciones. No obtuvieron resultado. Necesitaban 400 euros para pagar los billetes de autobús. Harto, Marian se prendió fuego a lo bonzo a las puertas de la subdelegación del Gobierno en Castellón delante de su mujer y sus dos hijos. Semanas después moría solo en el hospital La Fe de Valencia.

Por Mavuba pagó el Villarreal en verano siete millones de euros al Girondins.

Por 400 euros y por una marginación social aplastante, Marian tuvo que quemarse vivo para que nosotros pudiéramos verle y enterarnos.




En 1994 Amancio Prada definía “Emboscados” como un Oratorio para dos voces solistas y grupo instrumental de cámara, formado por dos guitarras, flauta, violín y violoncelo. Eso musicalmente. Es una obra inconclusa, en el sentido de no cerrada, sino abierta a interpretaciones distintas según el oyente. Hoy me ha parecido apropiada.

Os dejo el texto.

Llegaron al galope
soldados de un país lejano.
Hierro en la mirada,
su corazón era de oro.
Preguntaron por el agua
de un manantial extraño
para las heridas.
Escoltaban un tesoro.
Y nadie supo responder.
Doncellas les ofrecieron
sus senos encendidos,
pero ellos no podían ver,
sus ojos eran de hierro.

Siguieron al galope,
buscaban una patria.
Algunas enloquecieron
mirando en un pálido mapa.
Ellos prometieron volver,
prometieron volver mañana.
¿Cuándo es mañana?
No sé, mi amor.
Nadie sabe.

El agua que corre al mar
por el aire ha de volver.
Allí se queda la sal,
aquí crece la sed.
Los árboles suplican
la lluvia de las nubes
cuando pasan
levantan sus copas,
quieren gritar su nombre.
Pero ¿quién reconoce
una nube en el cielo?
Se multiplicaban
los caminos al paso,
los amigos emprendían
destinos diferentes.
Guardaban todavía
el calor en sus manos,
pero el viento del desierto
fue quemando sus ojos
y la sangre
el brillo de sus espadas.
Ningún camino era de vuelta.
Todos se alejaban.

No hay comentarios.: