miércoles, 12 de septiembre de 2007

EL PAZO DE MEIRÁS

De refugio de una de las grandes de las letras españolas, la coruñesa Emilia Pardo Bazán, a escenario de la dictadura, como residencia veraniega de Francisco Franco durante 36 años, el Pazo de Meirás, en Sada, forma parte de la memoria histórica, cultural y patrimonial de Galicia. Propiedad de los herederos del caudillo, quien lo recibió en 1939 "por obsequio del pueblo de A Coruña", el singular castillo en una finca de más de seis hectáreas está cerrado a cal y canto. La Xunta trata de declararlo bien de interés cultural, pero la familia Franco se resiste y niega el acceso a la propiedad.

En Meirás, mentar cómo se fraguó y llevó a cabo "la donación de la ciudad y la provincia de A Coruña al Caudillo de España" es aún hoy un tema que levanta ampollas. Nadie quiere recordar, o todos recuerdan demasiado: NON ME FALES... Muchas familias fueron obligadas a la venta forzosa de sus fincas, pagadas a precios irrisorios o incluso sin compensación económica alguna, para duplicar la propiedad con el fin de regalarla a Franco. Y todo porque en 1939, la denominada Junta Provincial Pro Pazo del Caudillo, ideada y dirigida por el entonces gobernador civil de A Coruña, Julio Muñoz, y el banquero Pedro Barrié de la Maza (si, el de la Fundación), se encargaron de adquirir a las herederas de Emilia Pardo Bazán las Torres de Meirás, duplicar la superficie de jardines y fincas anexas y dirigir los trabajos de reformas y acondicionamiento para obsequiar a Franco con una suntuosa residencia para pasar los 36 veranos que fue jefe de Estado.

Todo fue financiado con dinero de los ciudadanos, vía instituciones públicas, una supuesta "suscripción popular" en la que las autoridades fijaban la cantidad del donativo económico que se debía entregar "de forma voluntaria", o mediante el descuento obligatorio de un día de sueldo en nóminas de funcionarios y empleados de empresarios adeptos al régimen.


Quizá sea un caso único en la reciente historia de las dictaduras. El régimen les dio poder y patrimonio. La democracia les ha hecho ricos y decadentes. En su caso, no hubo exilio. Simplemente, un olvido benévolo. Los herederos de Franco forman ahora una familia ymultimillonaria que de vez en cuando alimenta la voracidad de la prensa basura.


Hace unas semanas, como cada verano por agosto, Carmen Franco, abrió las puertas del Pazo de Meirás. Pero una mala noticia interrumpió la aparente tranquilidad del pazo: unos inspectores de Cultura de la Xunta pretendían acceder al inmueble para inspeccionarlo, aduciendo que sus propietarios estaban obligados a abrir sus puertas al público una serie de días al mes. Qué disgusto, fíjate...

La resistencia de la hija de Franco a abrir las puertas del pazo ha puesto sobre la mesa el interés por conocer la realidad patrimonial de una familia que, durante los treinta años de democracia, no se ha sentido obligada a dar alguna explicación. La democracia fue/es tan paciente con los Franco que tanto Carmen como su marido, el marqués de Villaverde, llegaron a disfrutar de pasaporte diplomático hasta bien avanzados los años ochenta.

De los regalos recibidos por el dictador, además de Meirás, el palacio de Cornide en A Coruña, situado en la parte vieja de la ciudad, una casa solariega del siglo XVIII con mucha historia detrás. Sorpresa, sorpresa…El palacio fue adquirido por el Ministerio de Educación y Ciencia en 1962 y tres años después llevado a una discreta subasta a la que acudió el conde de Fenosa, que lo adquirió y, al inscribirlo, ordenó que se pusiera a nombre de Carmen Polo de Franco.

Los sucesivos Gobiernos democráticos pasaron de puntillas por esa riqueza obtenida aprovechando la influencia de un apellido. Algunas investigaciones independientes documentan cómo durante años la familia, a veces a espaldas del propio dictador, acumuló sociedades patrimoniales y testaferros que ocultaban inmuebles, aparcamientos, fincas solariegas y, naturalmente, palacios. La propaganda glosó que los Franco vivían del modesto sueldo de Franco como capitán general, pero esa versión quedó al descubierto a su muerte. Máxime cuando el Gobierno franquista, con el dictador enfermo, aprobó en las Cortes el futuro sueldo de Carmen Polo como viuda de jefe de Estado. Al morir en 1988, cobraba 12,5 millones de pesetas repartidas en 14 pagas, cuatro millones más que Felipe González, por entonces presidente del Gobierno.

Ahí dejo los datos. Para la reflexión. Yo anonadada, osea,...

No hay comentarios.: