EL PAZO DE MEIRÁS
En Meirás, mentar cómo se fraguó y llevó a cabo "la donación de la ciudad y la provincia de A Coruña al Caudillo de España" es aún hoy un tema que levanta ampollas. Nadie quiere recordar, o todos recuerdan demasiado: NON ME FALES... Muchas familias fueron obligadas a la venta forzosa de sus fincas, pagadas a precios irrisorios o incluso sin compensación económica alguna, para duplicar la propiedad con el fin de regalarla a Franco. Y todo porque en 1939, la denominada Junta Provincial Pro Pazo del Caudillo, ideada y dirigida por el entonces gobernador civil de A Coruña, Julio Muñoz, y el banquero Pedro Barrié de la Maza (si, el de la Fundación), se encargaron de adquirir a las herederas de Emilia Pardo Bazán las Torres de Meirás, duplicar la superficie de jardines y fincas anexas y dirigir los trabajos de reformas y acondicionamiento para obsequiar a Franco con una suntuosa residencia para pasar los 36 veranos que fue jefe de Estado.
Todo fue financiado con dinero de los ciudadanos, vía instituciones públicas, una supuesta "suscripción popular" en la que las autoridades fijaban la cantidad del donativo económico que se debía entregar "de forma voluntaria", o mediante el descuento obligatorio de un día de sueldo en nóminas de funcionarios y empleados de empresarios adeptos al régimen.
La resistencia de la hija de Franco a abrir las puertas del pazo ha puesto sobre la mesa el interés por conocer la realidad patrimonial de una familia que, durante los treinta años de democracia, no se ha sentido obligada a dar alguna explicación. La democracia fue/es tan paciente con los Franco que tanto Carmen como su marido, el marqués de Villaverde, llegaron a disfrutar de pasaporte diplomático hasta bien avanzados los años ochenta.
De los regalos recibidos por el dictador, además de Meirás, el palacio de Cornide en A Coruña, situado en la parte vieja de la ciudad, una casa solariega del siglo XVIII con mucha historia detrás. Sorpresa, sorpresa…El palacio fue adquirido por el Ministerio de Educación y Ciencia en 1962 y tres años después llevado a una discreta subasta a la que acudió el conde de Fenosa, que lo adquirió y, al inscribirlo, ordenó que se pusiera a nombre de Carmen Polo de Franco.
Los sucesivos Gobiernos democráticos pasaron de puntillas por esa riqueza obtenida aprovechando la influencia de un apellido. Algunas investigaciones independientes documentan cómo durante años la familia, a veces a espaldas del propio dictador, acumuló sociedades patrimoniales y testaferros que ocultaban inmuebles, aparcamientos, fincas solariegas y, naturalmente, palacios. La propaganda glosó que los Franco vivían del modesto sueldo de Franco como capitán general, pero esa versión quedó al descubierto a su muerte. Máxime cuando el Gobierno franquista, con el dictador enfermo, aprobó en las Cortes el futuro sueldo de Carmen Polo como viuda de jefe de Estado. Al morir en 1988, cobraba 12,5 millones de pesetas repartidas en 14 pagas, cuatro millones más que Felipe González, por entonces presidente del Gobierno.
Ahí dejo los datos. Para la reflexión. Yo anonadada, osea,...



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